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El amor no es conquista

En ocasiones, no se tiene conciencia exacta de las expresiones que se usan y sus consecuencias. Una de ellas es entender el amor como "conquista".
Hay expresiones de uso común que se utilizan sin analizar con exactitud su alcance, sus implicaciones y el sentido que tienen. Son tan cotidianas que se usan sin siquiera pensar en su significado, uno de esos conceptos tiene que ver con concebir el “amor como conquista”.

La idea de conquista y el amor

Por definición la expresión “conquista” se refiere al proceso cuando un ejército o un soldado controlan un sitio o un lugar específico con fines, generalmente, militares. Es decir, es una palabra que se la suele utilizar en el contexto de una batalla o una guerra.
Algunas conquistas, tal como lo demuestra la historia, son sangrientas y llenas de violencia porque se impone a la fuerza las condiciones del conquistador. La mayoría de las conquistas están en este contexto. Las conquistas pacíficas suelen ser excepcionales y se dan cuando un grupo de personas se doblega o entrega a un conquistador con el fin de evitar derramamiento de sangre. 
¿Cómo se inició la idea de conquista en el amor?
Todas las ideas tienen una historia, algunas es más fácil que otras rastrearlas hasta su origen.
Es posible encontrar datos del “amor conquista” ya en la Ilíada de Homero, el poeta griego clásico. Agamenón le arrebata a Briseida a su enemigo Aquiles. Ella es una esclava, pero que se convierte a punta de lanza en alguien “conquistado”, una propiedad personal del guerrero, en un trofeo de guerra. En el relato se observa la importancia del aspecto físico como relevante y la mujer siendo convertida en objeto de conquista.
Fue en la Edad Media donde la idea de conquista floreció con mayor empuje. El amor fue concebido como pasión, algo diferente a la estructura que habían construido los griegos clásicos que tendieron más a la contemplación y cuando hablaban del arrebato amoroso, preferían asignarlo a algún dios menor como Eros, que gustaba de confundir a los amantes o a Cupido, que la influencia del cristianismo lo convirtió en un ángel juguetón, que disparaba sus flechas de amor sobre los distraídos humanos. En este contexto, el amor dejó de ser expresión de dos personas que se encuentran o son impactados por un sentimiento arrollador mutuo. El varón fue concebido como aquel que tiene que esforzarse por “conquistar”, “ganar”, “someter”, “convencer”, a la mujer, quien asumió una actitud pasiva. Solo fue considerado digno de amar el que lucha por la mujer, tema que es fundamental en la mentalidad del caballero medieval y que inmortalizó Miguel de Cervantes en El Quijote de la Mancha y su lucha por “conquistar” a Dulcinea. En la Edad Media la pasión se convierte en la forma de atracción sexual por excelencia. Las mujeres se convirtieron en objeto de deseo que había que conquistar, eso implicó darle un tinte de superioridad a la mujer, aunque con las malversaciones del cristianismo esto se tornó en contraproducente, toda vez que algunas dotes femeninas, como la belleza, fueron vistas como “tentaciones malignas” para los varones que se veían seducidos.

Lo negativo del amor como conquista

Es riesgoso criticar conceptos que son tan parte de la cultura, pero es la única manera de encontrar vías no sesgadas para la buena interrelación entre los sexos.
El amor como conquista inicialmente va direccionado hacia la mujer; con el advenimiento del feminismo y de los movimientos emancipadores de la mujer, se comenzó a utilizar el término también desde mujeres hacia varones. En ambos casos, el concepto “cosifica” al otro, es decir, lo convierte en cosa, objeto, mueble, trofeo, un medio que puede ser usado, utilizado, descartado…
Por otro lado, como dice el dicho popular “en el amor y la guerra, cualquier medio es lícito”. Si la conquista es una guerra, todos los medios sirven con tal de lograr el objetivo de conseguir “ganar” el trofeo. En este contexto, no hay lugar para inteligencia, voluntad o algún concepto que suponga raciocinio. Lo que a la postre se convierte en un gran problema.
En tercer lugar, el amor conquista enturbia la relación de pareja, toda vez que la tendencia humana es perder interés una vez que se logra el objetivo deseado. Mujer/varón conquistad@, es pieza de museo o recuerdo de guerra para ser exhibido. Por eso muchos solo “sienten” que aman, si están en plan de “conquista” y pierden el interés cuando la "conquista" se logra. El proceso es más placentero que la meta, lo que es una desfiguración del amor.
Finalmente, cuando se ha “conquistado” la tendencia es considerar al otro como si fuera propiedad personal y nunca, bajo ningún concepto, un ser humano puede ser propiedad de otro, eso es esclavitud.
Un “amor conquista” es falaz, toda vez que para la relación de amor sana es preciso reciprocidad, respeto, equilibrio, complementariedad, igualdad, aspectos que con la conquista, difícilmente se logran.


Fuente Suite101: La falacia del amor como conquista


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